RESISTENCIA ANTIFASCISTA: “SETE ANOS EM MAIO” #UCHOA

por Mercedes Orden

(…) observando, guardando todo en la memoria,
transmitiendo todo ello a los demás, se combate la inhumanidad.
Comprender -escribe Germanie Tillon- es una profunda vocación de
nuestra especie, uno de los motivos de su aparición en la escala de la
vida. Saber, y hacer saber, es una manera de seguir siendo humano.

Tzvetan Todorov

Tres registros se plantean como líneas divisorias de Sete anos em maio. Un plano general  ubicado en una calle de Contagem, en Minas Gerais, hace las veces de preludio. Un hombre camina hasta introducirse en la oscuridad absoluta de la noche, mientras las pocas luces del barrio van quedando atrás. Luego un grupo de amigos juegan a ser otros. “Siempre soñé con usar este tipo de ropa”, dice uno de ellos mientras se calza las botas de policía. Quien está a su lado contesta que no le quedan bien. Dos universos se presentan mientras lo lúdico emerge, quizás en un intento de enfrentarse con el trauma, como si fuera una pieza de psicodrama, una posibilidad de “revivenciar con plena sensación de actualidad aquel hecho doloroso”, como una catarsis, a partir de la cual “se externaliza el recuerdo, se pone en palabras y se entiende el traumatismo”, en palabras de Alfredo Moffatt.

El trauma queda condensado en un plano secuencia de diecisiete minutos donde la urgencia es decir. Affonso Uchoa (Mulher à tarde, Arábia) elige a Rafael dos Santos Rocha para que cuente su historia de vida iluminado por una fogata. Detrás de él, su fantasma: la subestación de una compañía de energía donde alguna vez fue torturado. La decisión de encuadrar al protagonista sin perder de vista el entorno no resulta azarosa sino que acompaña un relato personal acerca de un hecho ocurrido siete mayos atrás, pero que hablan de una repetición social. La violencia institucional y los abusos cometidos en su cuerpo se convierten en el gran tema, en el punto de partida de su desgracia. Historia de dolor pero también de resistencia que lleva a fijar la atención en su mirada y preguntar: ¿A quién le habla Rafael? ¿al fuego? ¿a nosotros o a quien tiene enfrente? ¿Es que importa eso o será que lo que importa es el verosímil que construye a partir de la semejanza con tantos otros casos como el suyo?

7AEM_STILL3_300-web

Un ser anónimo lo escucha, le pregunta, saca conclusiones sobre los recuerdos de Rafael y el modo en que la violencia policial le hizo un tajo en la vida, por donde entraron los chantajes, el miedo, la adicción, la soledad y la marginalidad. La comprensión ocurre entre estos dos personajes cuyas vidas fueron marcadas por el abuso estructural de poder, por actos racistas y por la falta de interés de gran parte de la sociedad civil. Una que mira las torturas por la ventana sin llevar a cabo alguna acción para impedirlas. Sociedad carente de empatía que no se involucra en lo colectivo, que naturaliza el maltrato y reproduce el discurso (neo)fascista.

A modo de epílogo, en la tercera parte Uchoa regresa al carácter lúdico. Pero rápidamente se observa que el Muerto/vivo propuesto no es sólo un juego típico de Brasil sino una metáfora de lo que ocurre en la fragilidad de los márgenes donde poderes divinos, que se auto-conceden integrantes de los aparatos represivos del Estado, pretenden tener el derecho a decidir sobre la existencia del resto.

En el marco del Festival de Venecia 2008, Chantal Akerman (inmoratalizada en Guest, por José Luis Guerin, 2010) afirmaba: “no hay diferencia entre documental y ficción. Una buena película de ficción siempre tiene algo de documental y un buen documental siempre tiene algo de ficción”. En esta dirección puede pensarse a Sete anos em maio como un claro defensor de ese híbrido  donde se condensa, a lo largo de cuarenta y dos minutos, un mensaje potente que se aferra a los recuerdos para invitarnos a reflexionar acerca de la desigualdad, para seguir escribiendo la memoria colectiva, para que no quede todo dicho.

La oscuridad presente desde el comienzo se mantiene como decisión estética a lo largo de toda la película, pero también como una dimensión temática y política en tanto elige exponer un estado de situación. El film propone una línea de lo particular a lo universal, de una anécdota a una situación donde las clases marginadas quedan entrampadas y sin posibilidad de defensa. Son ellas quienes están a la sombra, humilladas, silenciadas, a quienes Uchoa les acerca un micrófono, presta atención y construye en conjunto su relato. Sete anos em maio es también un manifiesto antifascista y un modo de comprometerse e invitar a las personas a cultivar la empatía, tan urgente en el marco de un país como Brasil, frente a la políticas militaristas de Jair Bolsonaro, y en un mundo con sus nuevas configuraciones fascistas, que obligan a la necesidad de acompañar a través del arte la toma de consciencia, y de seguir haciendo películas que funcionen como armas para resistir ante un enemigo claro.