SIEMPRE VAMOS A TENER LOS RECITALES DE BBK: “YO, ADOLESCENTE”#SANTAANA

por Mercedes Orden

Si la curiosidad ha caducado en ti, yo lo sé, sé que te perdimos.
Pero si puede abrazar, gritar y sonreír,
Aún tú me haces acá, tú me haces falta aquí.

“Lo único feo es no tener porque vivir”, Boom Boom Kid

La noche del 30 de diciembre de 2004 fue tan trágica como interminable. Las primeras informaciones en la televisión hablaban de heridos y fallecidos a causa de un incendio en un “boliche bailable” de Once. Pronto se dijo que era República Cromañón el nuevo local de Omar Chabán. Las cifras subían de manera continua. Mis ojos fijos en la pantalla observaban los cuerpos que se ubicaban en filas, mientras ambulancias, bomberos, quienes se acercaban a ayudar o habían logrado salir, corrían por las calles esquivando mochilas y zapatillas sin dueños.

Cromañón es una noche que no deja de arder en el imaginario de todos los argentinos. Es también el fin de una etapa: con Chabán encerrado, Cemento nunca volvió a abrir, la mayoría de los espacios alternativos fueron clausurados y la adolescencia cambió de forma abrupta. Ese verano lo recuerdo vagueando, los pocos lugares abiertos no aceptaban menores y los que ya nos sentíamos outsiders, ahora lo éramos por partida doble. Yo tenía dieciséis años, como Zabo (Renato “Tato” Quattordio), el protagonista de Yo, adolescente.

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La película dirigida por Lucas Santa Ana (Como una novia sin sexo, El Puto Inolvidable), basada en el libro homónimo de Nicolás “Zabo” Zamorano, toma como punto de partida ese momento trágico. Luego del clima festivo de un recital de Árbol donde suena “La vida” entre pogo y sonrisas, el dolor y la incertidumbre irrumpen con padres preocupados e hijos que no comprenden lo que ocurrió en la noche. En medio de esos días de confusión, Paul, el mejor amigo de Zabo se suicida y el joven toma la decisión de abrir un blog donde se propone vomitar su inconformismo. En esas cuatros paredes llenas de afiches, tapas de revistas Rolling Stone y volantes de bandas, encuentra un modo de sentirse a salvo en medio del acto catártico de escritura que cobra la forma de bitácora en donde explica aquellos sentimientos que no logra exteriorizar con su círculo familiar ni sus pares.

La confusión funciona como telón de fondo del relato. La angustia y el miedo van cobrando diferentes formas en la vida de este protagonista obligado a enfrentar hechos inesperados que generan en él incomodidad y deseo. Instalado en medio de una crisis, las preguntas existenciales no dejan de emerger y se ramifican de modo que la tranquilidad no sea una opción. La amiga que cree amar, las inquietudes sexuales que inspiran sus compañeros de la escuela privada, la dificultad para elaborar la muerte de Paul -compañero de recitales pero también de charlas en la plaza- actúan como parte de los golpes y contragolpes que llevan a Zabo a preguntarse quién es, qué quiere y sobre todo, qué está pasando en su vida.

Yo adolescente 05

Yo, adolescente se construye como un coming-of-age que transita diferentes territorios, yendo de la comedia al drama donde la droga, el sexo y el rock and roll no faltan. Aquí los momentos de placer van de la mano de angustias en medio de esta etapa de quiebre donde el protagonista intenta construir su identidad. Santa Ana dirige un largometraje de 97 minutos que trata de comprender la complejidad de ser joven y la importancia de contar con un círculo de contención en dicho período.

El contexto elegido y el lugar desde donde se lo observa resultan novedosos en tanto invitan a pensar un paralelismo entre la historia de Zabo, frente a la dificultad de poner en palabras la muerte de su mejor amigo, y la de la sociedad argentina para hacer lo mismo respecto a los muertos de Cromañón de los que, si bien se ha hablado, nunca se puso foco en la mirada de esa generación. La decisión musical es reversionar canciones de aquellos años, como “Pei pa koa” de Boom Boom Kid y “La vida” de Árbol  que al igual de la estética del film y las interpretaciones, le entregan frescura a un relato donde las pequeñas y grandes tragedias no parecen encontrar fin.

Argentina, 2019
Dirección, guion: Lucas Santa Ana
Producción: Sombracine
Productores: Alberto Masliah, Daniel Chocrón
Asistente de Dirección: Yael Szmulewicz
Edición: Marcela Truglio,  Germán Cantore
Corrección de color: Lucila Kesselman
Dirección de Fotografía: Pablo Galarza
Dirección de Arte: Augusto Latorraca

 Sonido directo: Celeste Palma
Post Producción de sonido: Mariano A. Fernández
Foto Fija: Violeta Capasso
Música original: Mariano A. Fernández
Elenco: Renato Quattordio, Malena Narvay, Thomas Lepera, Jerónimo Giocondo Bosia
Duración: 97 min.

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